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¡Éntrale a la paranoia!

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sábado, 23 de marzo de 2013

EL TÍO MARCIAL - Javier Krahe















"Tan pronto por aquí" dijo el tío Marcial
con un gesto de asombro,
cuando la vio venir con su blanco sayal
y la guadaña al hombro.

"Tengo mucho que hacer, no me puedo morir...
vete a cortar el césped."
"Al contrario, Marcial, te debieras sentir
feliz de ser mi huésped.

Has trabajado bien, hora es de descansar
bajo losa de mármol
para alguien como tú, al mundo ya dejó
un hijo, un libro y un árbol".

"El árbol que planté, benemérita acción
porque ya quedan pocos
en mi pobre ciudad, era un sauce llorón.
Llorón pero sin mocos.

Pero resulta que tenían otro plan
las urbanizaciones:
pobre sauce llorón, ya secó el alquitrán
tus verdes lagrimones.

El libro que escribí y que a nadie plagié,
era un grueso volumen
donde con ilusión puse todo lo que guardaba
en el cacumen.

Pero resulta que, sopesando el papel
de muy mala manera,
dijo el inquisidor: a la pira con él.
Y pereció en la hoguera.

Y el hijo que me dio mi adorada mitad,
nos salió inconformista
o quizá intelectual o emigrante quizá
o, en fin, quizá turista.

Porque resulta que, nacido en un país
de gritos iracundos
tuvo que abandonar y ahora vive en París...
se fue por esos mundos.

Y la próxima vez te juro que seré,
oh patria, algo más práctico:
te dejaré un borrego, una fotonovela
y una flor de plástico."

"No habrá próxima vez, Déjalo ya, Marcial..."
le respondió la muerte.
La guadaña zumbó. Así que, menos mal,
hemos tenido suerte.


JAVIER KRAHE

miércoles, 5 de septiembre de 2012

MIGUEL BOSÉ Y JOAQUÍN SABINA - SOL FORASTERO






En el contexto de la producción de Bosé, Papitwo, Sabina fue invitado a hacer el dueto de la canción Sol Forastero.



Papitwo cuenta con la participación de artistas de España, México, Colombia, República Dominicana e Italia, de la talla de Juanes, Juan Luis Guerra, Tiziano Ferro, Aleks Syntec, Ximena Sariñana, Alejandro Sanz, Dani Martín, Paco Alborán y Joaquín Sabina.

lunes, 3 de septiembre de 2012

unos videitos para arrancar la semana

Red Hot Chilli Pepers













mientras tanto en 1985, la gente se divertía así

disfrútenlo tanto como los editores de este blog... y mientras la santa censura no prohíba la música acá seguiremos dando patadas de ahogado.




domingo, 29 de mayo de 2011

miércoles, 15 de diciembre de 2010

LA CANCIÓN DE LA MADRUGADA - Armando Palomas














Y que suene la guitarra,
que suene toda la noche.

Y que cante mi garganta
y que suene el tololoche.
Que las flores se maquillen
cuando escuchen mis canciones.

Que hasta el fondo del zahuán
calienten los corazones.

Y que se drogue Rafiqui,
que se emborrache cupido,
y que le pongan el cuerno,
las esposas al marido.

Y que les corten el rabo
los toros a los toreros,
La canción del mutilado,
canten los hojalateros.

Quiero sentir el aliento
de tu nariz doble raya,
que derrames la cerveza,
que comience la batalla.

Por lo menos esta noche
no pienso tirar la toalla.

Y que le den requesón
si al ratón le gusta el queso.
Que se hagan nudo las lenguas
En El callejón del beso.

Que una botella de vino
cambie esta noche la historia,
y los taxistas le chiflen
las piernas a Lety Soria.

Que hasta las muñecas feas
sean esta noche adorables,
y que bailen los muñecos
con las muñecas inflables.

Y que esté donde estés tú
mi corazón se te alquila,
que La señora Vudú
siga bebiendo tequila.

Que los vidrios de los coches
se empañen con tu sudor,
que las cárceles se llenen
de atentados al pudor.

Quiero sentir el aliento
de tu nariz doble raya,
que me bañes con cerveza,
que comience la metralla.

Que no te vayas preciosa,
vamos a luchar en lodo,
por que esta noche cariño:
que nos valga madre todo.

Y te cambio mis canciones
Por besos toda la noche.


Armando Palomas.


















lunes, 15 de noviembre de 2010

MÁS GUAPA QUE CUALQUIERA - Joaquín Sabina & Fito Páez





















Se llamaba Soledad y estaba sola
como un puerto maltratado por las olas,
coleccionaba mariposas tristes,
direcciones de calles que no existen.
Pero tuvo el antojo de jugar
a hacer conmigo una excepción
y, primero, nos fuimos a bailar
y, en mitad de un "te quiero" me olvidó.

De Esperanza no tenía más que el nombre
la que no esperaba nada de los hombres,
coleccionaba amores desgraciados,
soldaditos de plomo mutilados.
Pero quiso una noche comprobar
para qué sirve un corazón
y prendió un cigarrillo y otro más
como toda esperanza se esfumó.

Por eso, cuando el tiempo hace resumen
y los sueños parecen pesadillas,
regresa aquel perfume
de fotos amarillas.
Y, aunque sé que no era
la más guapa del mundo, juro que era
más guapa que cualquiera.

Se llamaba Inmaculada aquella puta
que curaba el sarampión de los reclutas,
coleccionaba nubes de verano,
velos de tul roídos por gusanos.
Pero quiso quererse enamorar
como una rubia del montón
y que yo la sacara de la
"calle de los besos sin amor".

Y, mil años después, cuando otros gatos
desordenan mis noches de locura,
evoco aquellos ratos
de torpes calenturas.
Y, aunque sé que no era
la más guapa del mundo, juro que era
más guapa, más guapa que cualquiera.

























sábado, 13 de noviembre de 2010

LA CANCIÓN DE LOS BUENOS BORRACHOS - Joaquín Sabina & Fito Páez















Cuatro gotas
de alquitrán en la voz,
siete notas
empapadas de alcohol,
campanadas
en el fondo del mar,
carcajadas
que me hicieron llorar...

Con un loro
que blasfema en latín,
le hacen coro
los "sultanes del swing"
y una big band
con un trombón y bombín
de Nueva Orleans
en mi funeral.

Y ese tango,
compadrito del sur,
y un fandango
de gitano andaluz,
y un piano
con dos copas de más,
y unas manos
que lo sepan tocar.

Oraciones
para gente sin fe,
tentaciones
de volver a beber
el veneno
que tus labios me dan,
el obsceno
beso de la verdad.

La balada
de la casada infiel,
demasiadas
cosas por aprender,
el portero
de la Puerta del Sol,
el cartero
de tus cartas de amor,
el primero
en sacarte a bailar
un vals.

El vals
de la tristeza más triste del mundo,
la belleza que dilapidé,
la pereza de los vagabundos,
el rompecabezas que no terminé.
La palabra secreta,
la mano que planta violetas en el hormigón,
la maldita canción del verano,
la casa de citas de mi corazón.

Y el milagro del abecedario,
la tortuga que rompe a volar,
la ternura de los dinosaurios,
el aniversario de la soledad.

La liturgia de las despedidas
la bala perdida que viene por mí,
la nostalgia que amarga la huida,
la banda sonora de lo que viví.

La canción de los buenos borrachos que,
de madrugada, vuelven al hogar,
la canción que atropella los tachos
llenos de basura de la Capital.

La canción que se canta al oído,
la canción que no quieres oír,
la cantamos los malos maridos cuando,
en el olvido, pensamos en ti.

La canción de los buenos borrachos que,
de madrugada, vuelven al hogar,
la canción que atropella los tachos
llenos de basura de la Capital.

La canción que se canta al oído,
la canción que no quieres oír,
la cantamos los malos maridos cuando,
en el olvido, pensamos en ti.

























miércoles, 3 de noviembre de 2010

MOVIMIENTOS - Enrique Quezadas










Aquí sentí clarito cuando se escuchó,
el ruido de montaña que hace el amor.
Luego luego dan ganas de ser sincero,
la espada de la luz abriendo al ojo ciego,
crece el abecedario, se agranda la visión, te vuelves imaginario.

Es cierto que daría casi cualquier cosa
para tener la boca llena de tu boca,
de hecho no sabré qué hacer si no haces caso,
pero hoy voy a abrazarte con todos mis brazos,
hasta dejar marcada la carta de mi amor y te quedes encerrada.

No lo sé, te acostaré sobre mis sueños
para planchar en las arrugas de mi cielo.

Y te puedas quedar si lento va el tiempo de este corazón,
cargando con mi amor el peso de los dos,
tendrías que hacer movimientos que los míos los haré yo.

Ya hasta quiero a la gente que anda en esta tierra
me ando arrancando el odio cada luna nueva,
sé que al tener tu beso el mundo será eterno,
que no festejaré catorces de febrero
porque en mi calendario el día del amor, el día del amor es diario.

No lo sé, te acostaré sobre mis sueños
para planchar en las arrugas de mi cielo.

Y te puedas quedar si lento va el tiempo de este corazón,
cargando con mi amor el peso de los dos,
tendrías que hacer movimientos que los míos los haré yo.


Enrique Quezadas.





















domingo, 31 de octubre de 2010

DON RAMÓN - Enrique Quezadas







Muy de mañana el día que me iban a reprobar,
llegué a la cafetería de la universidad;
no quería ir a la escuela pero me gustaba Gabriela.

Ya casi éramos novios, comimos pastel,
la clase de español empezaba a las diez;
le di quinientos besos y ya ni entramos a aprender...

El cine es la receta para amar al amor,
salimos ya bien tarde, ella se preocupó
de llegar a su casa y ahí te voy de salvador...

Y ya envalentonado y defendiendo al amor,
entré en aquella casa a hablar con don Ramón...
Le dije ¡buenas tardes!, me miró y no respondió.

Pues nada don señor, su hija es mi amor;
venimos por su bendición.

Ramón era hombre seco, orgulloso y sin timón
que hablaba nada más para decir que no;
traté de penetrar las cuevas de su mal humor.

Llevábamos tres tragos cuando me confió
que en una noche de esas su mujer lo dejó,
pues no tenía trabajo, ni coche ni televisión.

Que trató de construir un cariño sin velos
pero ella insistió en jugar a la familia kellog’s;
entre gritos y sillasos se agarraban a niñazos...

¡Caramba don Ramón!,
¡con la niña de mi amor!
¡Siga hablando don Ramón...!

Entre los ceniceros y vasos de ron
me dijo "con un préstamo me caerías mejor";
quería pagar la renta, comprar cigarros y licor.

Dijo saber de alguien con dinero pa'prestar,
pero se pone de ejemplo para los demás;
muy borracho me dijo: "es que eres mi único amigo".

Cual si sacara un sable del ropero un general
él me mostró orgulloso un viejo taco de billar,
y aseguró sonriente, "hijo, te voy a pagar".

¡Caramba don Ramón!
¡Le presto, cómo no!
¡Sírvame otra don Ramón!
¡Sírvame otra don Ramón!

Seguimos en la escuela aquel setentaitrés,
y, viéndonos a los ojos un atardecer,
por ella conocí el cuerpo de la mujer.

Hay algo que en la prepa entendimos bien:
El coraje por los que no tienen qué comer,
con clandestinas chelas en el jardín de la escuela.

Hoy ya no veo a Gabriela, la dejé de tocar,
y cuando me siento solo y con ganas de llorar,
paso por don Ramón y nos vamos al billar.

Lo espero don Ramón,
no se le olvide el ron,
se hace tarde don Ramón,
se acaba el tiempo don Ramón...

Enrique Quezadas





















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