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lunes, 15 de noviembre de 2010

MÁS GUAPA QUE CUALQUIERA - Joaquín Sabina & Fito Páez





















Se llamaba Soledad y estaba sola
como un puerto maltratado por las olas,
coleccionaba mariposas tristes,
direcciones de calles que no existen.
Pero tuvo el antojo de jugar
a hacer conmigo una excepción
y, primero, nos fuimos a bailar
y, en mitad de un "te quiero" me olvidó.

De Esperanza no tenía más que el nombre
la que no esperaba nada de los hombres,
coleccionaba amores desgraciados,
soldaditos de plomo mutilados.
Pero quiso una noche comprobar
para qué sirve un corazón
y prendió un cigarrillo y otro más
como toda esperanza se esfumó.

Por eso, cuando el tiempo hace resumen
y los sueños parecen pesadillas,
regresa aquel perfume
de fotos amarillas.
Y, aunque sé que no era
la más guapa del mundo, juro que era
más guapa que cualquiera.

Se llamaba Inmaculada aquella puta
que curaba el sarampión de los reclutas,
coleccionaba nubes de verano,
velos de tul roídos por gusanos.
Pero quiso quererse enamorar
como una rubia del montón
y que yo la sacara de la
"calle de los besos sin amor".

Y, mil años después, cuando otros gatos
desordenan mis noches de locura,
evoco aquellos ratos
de torpes calenturas.
Y, aunque sé que no era
la más guapa del mundo, juro que era
más guapa, más guapa que cualquiera.

























sábado, 13 de noviembre de 2010

LA CANCIÓN DE LOS BUENOS BORRACHOS - Joaquín Sabina & Fito Páez















Cuatro gotas
de alquitrán en la voz,
siete notas
empapadas de alcohol,
campanadas
en el fondo del mar,
carcajadas
que me hicieron llorar...

Con un loro
que blasfema en latín,
le hacen coro
los "sultanes del swing"
y una big band
con un trombón y bombín
de Nueva Orleans
en mi funeral.

Y ese tango,
compadrito del sur,
y un fandango
de gitano andaluz,
y un piano
con dos copas de más,
y unas manos
que lo sepan tocar.

Oraciones
para gente sin fe,
tentaciones
de volver a beber
el veneno
que tus labios me dan,
el obsceno
beso de la verdad.

La balada
de la casada infiel,
demasiadas
cosas por aprender,
el portero
de la Puerta del Sol,
el cartero
de tus cartas de amor,
el primero
en sacarte a bailar
un vals.

El vals
de la tristeza más triste del mundo,
la belleza que dilapidé,
la pereza de los vagabundos,
el rompecabezas que no terminé.
La palabra secreta,
la mano que planta violetas en el hormigón,
la maldita canción del verano,
la casa de citas de mi corazón.

Y el milagro del abecedario,
la tortuga que rompe a volar,
la ternura de los dinosaurios,
el aniversario de la soledad.

La liturgia de las despedidas
la bala perdida que viene por mí,
la nostalgia que amarga la huida,
la banda sonora de lo que viví.

La canción de los buenos borrachos que,
de madrugada, vuelven al hogar,
la canción que atropella los tachos
llenos de basura de la Capital.

La canción que se canta al oído,
la canción que no quieres oír,
la cantamos los malos maridos cuando,
en el olvido, pensamos en ti.

La canción de los buenos borrachos que,
de madrugada, vuelven al hogar,
la canción que atropella los tachos
llenos de basura de la Capital.

La canción que se canta al oído,
la canción que no quieres oír,
la cantamos los malos maridos cuando,
en el olvido, pensamos en ti.

























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