Motor de Búsqueda by Google

Entradas Recientes

¡Éntrale a la paranoia!

Mostrando entradas con la etiqueta DENISE DRESSER. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta DENISE DRESSER. Mostrar todas las entradas

domingo, 12 de diciembre de 2010

DIEZ AÑOS DE DESILUSIÓN: Denise Dresser

Diez años de desilusión
Denise Dresser

“Este es el invierno de nuestro descontento”, anuncia el duque de Gloucester en la obra shakesperiana “Ricardo III”. Y vaya que lo es en México a 10 años de gobiernos panistas en la Pesidencia. Diez años con logros como la estabilidad macroeconómica, la expansión de las libertades, el crecimiento de la vivienda, la consolidación del programa Oportunidades, algunas reformas obtenidas en el Congreso. Logros sin duda, pero demasiado pequeños para el tamaño de los retos que México tiene enfrente y ha ignorado. Mientras tanto Felipe Calderón convoca a impedir la “tragedia” que significaría el regreso del PRI a Los Pinos y las encuestas colocan a Enrique Peña Nieto a 40 puntos de ventaja sobre cualquier adversario.

La verdadera tragedia es que el PAN mismo ha contribuido a crear ese escenario. Lleva 10 años produciendo presidencias que no han podido o no han querido pelear por la modernización de México, y han preferido conformarse con su inercia. Celebrar su estancamiento. Darse palmadas en la espalda por las crisis que evitaron y los riesgos que no tomaron. Vicente Fox será recordado en gran medida por todo lo que pudo hacer y no hizo. Felipe Calderón por la primacía que le dio a una guerra que no pudo ganar. Por todo lo viejo del antiguo régimen que sigue vivo entre nosotros.

Ambos se convirtieron en presidentes que no quisieron lidiar con los vicios del viejo sistema y erradicarlos. Dos líderes que no pudieron encarar a los peores demonios del PRI como forma de vida y encontrar la forma de exorcizarlos. Incapaces de entender que con la transición tenían ante sí la posibilidad de transformar y no sólo preservar. Alguien como Vicente Fox, quien había denunciado a las tepocatas, a las alimañas y a las viboras prietas para después tomarse la foto junto a ellas.

Vicente Fox prefirió vender antes que gobernar. Prefirió promover antes que cambiar. Prefirió viajar a lo largo del país antes que comprender lo que debía hacer para echarlo a andar. Prefirió conformarse con la estabilidad macroeconómica, sin pensar en lo que tendría que haber hecho para construir una economía más dinámica sobre sus cimientos. Prefirió mirar el vaso medio lleno, sin ver que la mirada mundial lo ve cada vez más vacío. Un país económicamente estable, pero paralizado, subsidiado por su petróleo y sus migrantes. Quizás mejor que ayer para algunos, pero igual que ayer para muchos.

Un país que —en términos de reformas profundas y necesarias— lleva 10 años dormido, ignorando los retos que la globalización exige: una economía más competitiva, una mano de obra más productiva, una población más educada, un capitalismo más dinámico que genere riqueza y —al mismo tiempo— tenga los incentivos para distribuirla mejor. Un país con logros que palidecen ante el peso de los problemas que Vicente Fox y Felipe Calderón dejarán tras de sí.

Un México más libre pero más polarizado. Un México con más crédito pero más crimen. Un México con más vivienda pero más narcotráfico. Un México con más Oportunidades, del cual un número creciente de personas decide emigrar. Un México con un Estado más descentralizado pero más acorralado por intereses particulares cada vez más poderosos. Un México con baja inflación y alta concentración de la riqueza. Un México dividido en un norte violento y un sur estancado. Un México que va perdiendo la ventaja competitiva de su cercanía con Estados Unidos, mientras lamenta el surgimiento del antimexicanismo que su letargo y su violencia han contribuido a desatar

Quizás Vicente Fox y Felipe Calderón no son responsables de esta larga lista de sinsabores, ya que el PRI como partido mañoso y obstructor también carga con una parte de la culpa. Pero en muchos casos los presidentes panistas han exacerbado los problemas existentes. Por acción y por omisión. Por lo que hicieron y por lo que dejaron de hacer. Por las viejas reglas del juego que no modificaron y con las que permitieron que los poderosos y los priviliegiados en México siguieran jugando. Por todo aquello frente a lo cual Vicente Fox cerró los ojos o volteó la mirada. Por la frivolidad desplegada que su propia esposa fomentó. Por las negociaciones difíciles que debió haber llevado a cabo y eludió. Por el vacío de poder que produjo y que otros llenaron. Porque a lo largo de seis años, Fox fue un candidato permanente pero un presidente intermitente. Fue un porrista de tiempo completo pero un jefe de Estado que llevó a su debilitamiento.

Y ese probablemente es el peor legado foxista con el cual Felipe Calderón no ha podido lidiar. Un Estado que en rubros cruciales ha perdido la capacidad para serlo. Un Estado que existe para proteger la seguridad de la población pero no puede hoy asegurarla. Un Estado que existe para gobernar en nombre del interés público que ha sido rebasado por los intereses fácticos. Un Estado acorralado por las fuerzas que debería articular pero frente a las cuales se ha rendido. Un Estado arrinconado por los múltiples “centros de veto” que constriñen su actuación. Los monopolistas rapaces y los líderes sindicales atrincherados y las televisoras chantajistas y los empresarios privilegiados y los movimientos sociales radicales y los priístas saboteadores que ofrecen pactar pero sólo para diluir. Todos los que ejercen el poder informal en México. Todos los que han llenado el hueco que la presidencia encogida deja allí.

En días recientes, Felipe Calderón ha argumentado que sería una “tragedia” volver al pasado con la corrupción, las complicidades y la opacidad que lo caracterizó. El problema es que la tragedia ya está aquí entre nosotros. Encarnado en cada momento que Felipe Calderón pactó con Elba Esther Gordillo, protegió a Juan Camilo Mouriño, salvó a Juan Molinar, se negó a entregarle datos al IFAI, se doblegó ante Televisa y no encaró a Carlos Slim. La tragedia de dos presidentes panistas: uno que sacó al PRI de Los Pinos y otro que lo regresará allí. Dos presidentes que salen relativamente mejor librados que sus peores predecesores, pero eso es poco decir. Dos figuras que sembraron esperanzas pero ahora cosechan reclamos. Al juicio de la historia le corresponderá aclarar si las presidencias desilusionantes de Vicente Fox y Felipe Calderón se explican por constricciones estructurales al margen de su temperamento o si ellos mismos las exacerbaron. Por miedo o flojera o ausencia de audacia o falta de experiencia. Sea cual sea la respuesta, el último presidente panista, a dos años de terminar su periodo, está inmerso en una tragedia, como la definió Albert Schweitzer: “Lo que muere dentro de un hombre mientras él sigue vivo”.

Fuente.






















jueves, 19 de febrero de 2009

TÓMALA, INGENIERO - CARTA ABIERTA A CARLOS SLIM POR DENISE DRESSER

Denise Dresser le saca amparos y bloqueos al señor de los teléfonos:



Estimado ingeniero:

Le escribo este texto como ciudadana. Como consumidora. Como mexicana preocupada por el destino de mi país y por el papel que usted juega en su presente y en su futuro.

He leído con detenimiento las palabras que pronunció en el Foro “Qué Hacer Para Crecer” y he reflexionado sobre sus implicaciones. Su postura en torno a diversos temas me recordó aquella famosa frase atribuida al presidente de la compañía automotriz General Motors, quien dijo: “lo que es bueno para General Motors es bueno para Estados Unidos”. Y creo que usted piensa algo similar: Lo que es bueno para Carlos Slim, para Telmex, para Telcel, para el Grupo Carso es bueno para México. Pero no es así. Usted se percibe como solución cuando se ha vuelto parte del problema; usted se percibe como estadista con la capacidad de diagnosticar los males del país cuando ha contribuido a producirlos; usted se ve como salvador indispensable cuando se ha convertido en bloqueador criticable. De allí las contradicciones, las lagunas y las distorsiones que plagaron su discurso y menciono las más notables.

- Usted dice que es necesario pasar de una sociedad urbana e industrial a una sociedad terciaria, de servicios, tecnológica, de conocimiento.Es cierto. Pero en México ese tránsito se vuelve difícil en la medida en la cual los costos de telecomunicaciones son tan altos, la telefonía es tan cara, la penetración de Internet de banda ancha es tan baja. Eso es el resultado del predominio que usted y sus empresas tienen en el mercado. En pocas palabras, en el discurso propone algo que en la práctica se dedica a obstaculizar.

- Usted subraya el imperativo de fomentar la productividad y la competencia, pero a lo largo de los años se ha amparado en los tribunales ante esfuerzos regulatorios que buscan precisamente eso. Aplaude la competencia, pero siempre y cuando no se promueva en su sector.

- Usted dice que no hay que preocuparse por el crecimiento del Producto Interno Bruto; que lo más importante es cuidar el empleo que personas como usted proveen. Pero es precisamente la falta de crecimiento económico lo que explica la baja generación de empleos en México desde hace años. Y la falta de crecimiento está directamente vinculada con la persistencia de prácticas anticompetitivas que personas como usted justifican.

- Usted manda el mensaje de que la inversión extranjera debe ser vista con temor, con ambivalencia. Dice que “las empresas modernas son los viejos ejércitos. Los ejércitos conquistaban territorios y cobraban tributos”. Dice que ojalá no entremos a una etapa de “Sell México” a los inversionistas extranjeros y cabildea para que no se permita la inversión extranjera en telefonía fija. Pero al mismo tiempo, usted como inversionista extranjero en Estados Unidos acaba de invertir millones de dólares en The New York Times, en las tiendas Saks, en Citigroup. Desde su perspectiva incongruente, la inversión extranjera se vale y debe ser aplaudida cuando usted la encabeza en otro país, pero debe ser rechazada en México.

- Usted reitera que “necesitamos ser competitivos en esta sociedad del conocimiento y necesitamos competencia; estoy de acuerdo con la competencia”. Pero al mismo tiempo, en días recientes ha manifestado su abierta oposición a un esfuerzo por fomentarla, descalificando, por ejemplo, el Plan de Interconexión que busca una cancha más pareja de juego. - Usted dice que es indispensable impulsar a las pequeñas y medianas empresas, pero a la vez su empresa – Telmex — las somete a costos de telecomunicaciones que retrasan su crecimiento y expansión.

- Usted dice que la clase media se ha achicado, que “la gente no tiene ingreso”, que debe haber una mejor distribución del ingreso. El diagnóstico es correcto, pero sorprende la falta de entendimiento sobre cómo usted mismo contribuye a esa situación. El presidente de la Comisión Federal de Competencia lo explica con gran claridad: los consumidores gastan 40 por ciento más de los que deberían por la falta de competencia en sectores como las telecomunicaciones. Y el precio más alto lo pagan los pobres.

- Usted sugiere que las razones principales del rezago de México residen en el Gobierno: la ineficiencia de la burocracia gubernamental, la corrupción, la infraestructura inadecuada, la falta de acceso al financiamiento, el crimen, los monopolios públicos. Sin duda todo ello contribuye a la falta de competitividad. Pero los monopolios privados como el suyo también lo hacen.

- Usted habla de la necesidad de “revisar un modelo económico impuesto como dogma ideológico” que ha producido crecimiento mediocre. Pero precisamente ese modelo – de insuficiencia regulatoria y colusión gubernamental — es el que le ha permitido a personas como usted acumular la fortuna que tiene hoy, valuada en 59 mil millones de dólares. Desde su punto de vista el modelo está mal, pero no hay que cambiarlo en cuanto a su forma particular de acumular riqueza.

La revisión puntual de sus palabras y de su actuación durante más de una década revela entonces un serio problema: hay una brecha entre la percepción que usted tiene de sí mismo y el impacto nocivo de su actuación; hay una contradicción entre lo que propone y cómo actúa; padece una miopía que lo lleva a ver la paja en el ojo ajeno e ignorar la viga en el propio. Usted se ve como un gran hombre con grandes ideas que merecen ser escuchadas. Pero ése día ante los diputados, ante los senadores, ante la opinión pública usted no habló de las grandes inversiones que iba a hacer, de los fantásticos proyectos de infraestructura que iba a promover, del empleo que iba a crear, del compromiso social ante la crisis con el cual se iba a comprometer, de las características del nuevo modelo económico que prometería apoyar. En lugar de ello nos amenazó. Nos dijo –palabras más, palabras menos– que la situación económica se pondría peor y que ante ello nadie debía tocarlo, regularlo, cuestionarlo, obligarlo a competir. Y como al día siguiente el Gobierno publicó el Plan de Interconexión telefónica que buscaría hacerlo, usted en respuesta anunció que Telmex recortaría sus planes de inversión. Se mostró de cuerpo entero como alguien dispuesto a hacerle daño a México si no consigue lo que quiere, cuando quiere. Tuvo la oportunidad de crecer y en lugar de ello se encogió. Sin duda usted tiene derecho a promover sus intereses, pero el problema es lo hace a costa del país. Tiene derecho a expresar sus ideas, pero dado su comportamiento, es difícil verlo como un actor altruista y desinteresado, que sólo busca el desarrollo de México. Usted sin duda posee un talento singular y loable: sabe cuándo, cómo y dónde invertir. Pero también despliega otra característica menos atractiva: sabe cuándo, cómo y dónde presionar y chantajear a los legisladores, a los reguladores, a los medios, a los jueces, a los periodistas, a la inteligencia de izquierda, a los que se dejan guiar por un nacionalismo mal entendido y por ello aceptan la expoliación de un mexicano porque –por lo menos– no es extranjero.

Probablemente usted va a descalificar esta carta de mil maneras, como descalifica las críticas de otros. Dirá que soy de las que envidia su fortuna, o tiene algún problema personal, o es una resentida. Pero no es así. Escribo con la molestia compartida por millones de mexicanos cansados de las cuentas exorbitantes que pagan; cansados de los contratos leoninos que firman; cansada de las rentas que transfieren; cansados de las empresas rapaces que padecen; cansada de los funcionarios que de vez en cuando critican a los monopolios pero hacen poco para desmantelarlos.

Escribo con tristeza, con frustración, con la desilusión que produce presenciar la conducta de alguien que podría ser mejor. Que podría dedicarse a innovar en vez de bloquear. Que podría competir exitosamente pero prefiere ampararse constantemente. Que podría darle mucho de vuelta al país pero opta por seguirlo ordeñado. Que podría convertirse en el filántropo más influyente pero insiste en ser el plutócrata más insensible. John F. Kennedy decía que las grandes crisis producen grandes hombres. Lástima que en este momento crítico para México, usted se empeña en demostrarnos que no aspira a serlo.

DENISE DRESSER








lunes, 2 de febrero de 2009

México tiene un capitalismo de cuates - DENISE DRESSER

No tiene desperdicio este discurso, quizás la trascendencia sea que muchos y cada vez más productos del hartazgo les expresamos con acción lo mismo a los disfuncionarios, ya una franca desobediencia civil pacífica por injusticia social, pero con una condicionante que puede prender llamas incontenibles. Un excelente resumen de todas voces inconformes con cachetada de guante blanco de esta señora, pero con el ultimátum ahí suavecito de que más adelante, el léxico, el tono, y los foros serán distintos y nada agradables.


Nota: Quisieron censurar este video, lo banearon varias veces, pero nada pueden hacer. Si ya no se ven, la mano de la represión lo borró, así que no te detengas, ve y búscalo en otros lados, en otros portales, en otras cuentas. La clase política está ahí para esclavizarte y vivir de tu trabajo. Son tus enemigos, conócelos.









"México tiene un capitalismo de cuates", asegura Denise Dresser.

Organización Editorial Mexicana

30 de enero de 2009

Guillermo Ríos / El Sol de México


Ciudad de México.- Si la clase política del país no logra construir los cimientos del capitalismo democrático, condenará a México al subempleo crónico, advirtió la politóloga Denise Dresser, al señalar que México está atrapado por una red intrincada de privilegios y vetos empresariales y posiciones dominantes.

Durante su participación en el tercer panel del foro "México ante la crisis", efectuado en la Cámara de Diputados, la académica del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), calificó a México como una mala encarnación del capitalismo, "el capitalismo de cuates", que no se basa en la competencia o en la innovación sino en su obstaculización.

Afirmó que en la actualidad nuestro país está lejos de acceder a ese capitalismo exitoso, dinámico y democrático donde el Estado no protege privilegios, no defiende cotos, no elige ganadores, no permite la perpetuación de un pequeño grupo de oligarcas con el poder de vetar las reformas que los perjudican.

Lamentablemente, señaló, hoy México carga con los resultados de esfuerzos fallidos por modernizar esta economía en los últimos 20 años. Las reformas no produjeron una economía dinámica de mercado con regulación gubernamental eficaz, capaz de crear mercados funcionales y competitivos porque en vez de transparencia y reglas claras, prevaleció la discrecionalidad entre los empresarios que se beneficiaron de las privatizaciones y los encargados del Gobierno encargados de regularlos.

Aseguró que se está convirtiendo al Gobierno en empleado de las personas más poderosas del país, por lo que lanzó las siguientes preguntas: "¿Quién gobierna en México, el Senado de la República o Ricardo Salinas Pliego cuando logró controlar los vericuetos del proceso legislativo como lo hizo en el tema de los corresponsales bancarios? ¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) o UNEFON, la Comisión Nacional Bancaria o los bancos que se rehúsan a cumplir con las obligaciones de transparencia que la ley les exige? ¿Quién gobierna en México, la Secretaría de Educación Pública (SEP) o Elba Esther Gordillo, la Comisión Federal de Competencia o Carlos Slim, Pemex o Carlos Romero Deschamps, ustedes o una serie de intereses que no logran contener? Porque ante los vacíos de autoridad y la captura regulatoria y las decisiones de política pública que beneficien a una minoría, la respuesta parece obvia.

Añadió que el debate en este país sobre cómo promover el crecimiento y cómo fomentar inversión y empleo, se encuentra fuera de foco.

"El Gobierno piensa que para lograr esos objetivos basta con tenderle la mano al sector privado con cualquier condición", indicó.




La clase política se empeña en banear este discurso así como muchos otros, les duele la verdad, lo siguen censurando, búscalo, nosotros lo hemos republicado muchas veces y la doctrina medieval gobernante sigue violando la libertad de expresión.


Aquí otro gran discurso:



























Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

The paranoia collective:

The paranoia collective:
¡Imperdible!

Blog Archive

©

Creative Commons License

El rating semanal